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miércoles, 15 de octubre de 2014

Entrenar vs. Entrenarme

Ayer tuve la oportunidad de ver y evaluar un entrenamiento que no era mío desde fuera y, fijándome en los objetivos y en los jugadores, observé varios tipos de comportamiento a la hora de entrenar, y me acordé de un entrenador amigo mío que siempre diferenciaba ir a entrenar, de ir a entrenarse.

Discutiendo con otro compañero hablábamos sobre la entrega y la autoexigencia en el proceso de entrenamiento, y la discusión fue la siguiente: en un ejercicio en que un jugador de la defensa, en cuanto el jugador con balón realizaba una acción concreta (poner un pie en el círculo central), había de correr a pisar el mismo círculo central, generando así un handicap defensivo que daba una ventaja al ataque, si este la empleaba correctamente. Él habló con su equipo que el jugador que se encontrara más cerca del círculo central fuese a pisarlo, fuera o no defensor de balón. Mientras que en mi equipo, el jugador que se encargaba del balón tenía que estar pendiente de ir a tocar, y el resto de ayudar. Dos planteamientos ante un mismo ejercicio, y ambos válidos.

¿Seguro?

Aquí mi disonancia. Su planteamiento no era adecuado al grueso de la plantilla dado que, por desconocimiento o por malos hábitos, uno de sus problemas de base es estar relajados en defensa (no hacer línea de pase, no presionar al jugador de balón, no estar preparado para la ayuda, ...), pero para él era correcto, porque él sí cumple esos básicos. Lo que yo sostenía en esa discusión era que, para él, el proceso mental que le llevaba a que el jugador más cercano fuera el encargado de tocar, y no el responsable del jugador, no era igual al que se hacían sus compañeros de equipo, que lo veían como un ahorro de esfuerzo más, como una trampa que les daría más victorias en el ejercicio. Sin embargo, el jugador con quien discutía, lo reconoce como una defensa de equipo, comunica la decisión, modifica su defensa en cuanto otro compañero es quien va a tocar, etc. Para mí, debía estar antes el impulso básico de estar pegado al jugador de balón, estar tenso y reactivo, algo mucho más primario que lo que sostenía mi compañero, pero necesario antes de llegar a lo que para él respondía a la lógica interna del ejercicio. Mis disculpas, dado que lo suyo es más avanzado y correcto que lo mío, pero también de lo que necesita el resto del equipo.

Un día hablaré de los básicos y de las máximas del entrenamiento, pero hoy sólo quería señalar las diferencias en los procesos mentales que realiza un jugador en un entrenamiento, y la importancia de hacer a nuestros jugadores pensar. Mejor, de enseñarlos a pensar, pero sin olvidar que todo parte de la entrega, el esfuerzo y la autoexigencia. Lo ilustro con una anécdota.

Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nobel de Química en 1908, contaba la siguiente anécdota: 
"Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que este afirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente acertada. Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo. Leí la pregunta del examen: "Demuestre como es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro".  
El estudiante había respondido: "lleve el barómetro a la azotea del edificio y átele una cuerda muy larga. Descuélguelo hasta la base del edificio, marque y mida. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio". 
Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente. Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudios, obtener una nota mas alta y así certificar su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel. 
Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física.  
Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que tenía muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excusé por interrumpirle y le rogué que continuara. En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta: coja el barómetro y láncelo al suelo desde la azotea del edificio, calcule el tiempo de caída con un cronómetro. Después aplique la formula altura = 0,5 A por T2. Y así obtenemos la altura del edificio. En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar. 
Le dio la nota más alta.  
Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta. Bueno, respondió, hay muchas maneras, por ejemplo, coges el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio.  
Perfecto, le dije, ¿y de otra manera? Sí, contesto, este es un procedimiento muy básico: para medir un edificio, pero también sirve. En este método, coges el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas el numero de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el numero de marcas que has hecho y ya tienes la altura. Este es un método muy directo. Por supuesto, si lo que quiere es un procedimiento mas sofisticado, puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro esta a la altura de la azotea la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la per-pendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla fórmula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio. En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su periodo de precisión. En fin, concluyó, existen otras muchas maneras. Probablemente, la mejor sea coger el barómetro y golpear con el la puerta de la casa del conserje. Cuando abra, decirle: 
-Señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo. 
En este momento de la conversación, le pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema (la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares) dijo que la conocía, pero que durante sus estudios, sus profesores habían intentado enseñarle a pensar".  
El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nobel de Física en 1922,más conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente un innovador de la teoría cuántica.

Entrenar es un proceso consciente, en el cual debo estar concentrado de principio a fin en las dudas que se me plantean ante un ejercicio, y los procesos que deben llevarme a lograr el éxito en el mismo (éxito es completamente diferente a ganar o perder el ejercicio). Mi opinión es que el jugador debe preguntarse muchas más cosas durante un entrenamiento que el propio entrenador, y eso también se enseña.

1 comentario:

  1. Enhorabuena por la entrada. Sin duda es un tema apasionante del que se puede discutir durante horas porque son estrategias de lo que aquí se habla, no de leyes físicas demostrables.

    Si no lo he entendido mal, el fondo de lo que planteas es si existen unos principios básicos, fundamentales y más importantes que la búsqueda de estrategias acordes con la lógica interna. Y esto no es fácil de responder. A casi todos nos vendrán a la cabeza aspectos actitudinales, sociales y de mentalidad que pensamos que son más importantes que la estrategia. No obstante, aquel perfil psicológico que nos parece el ideal lo es porque la experiencia nos ha demostrado que es, a la larga, el más productivo para desarrollar este deporte. Y eso quiere decir que en la lógica interna del basket están incluidas todas y cada una de las características de ese perfil ideal. O sea, que bajo este prisma, la pregunta que te planteas no tendría mucho sentido, pues la lógica interna es la creadora de esos contenidos que llamamos "los básicos". Quizá deberíamos ampliar nuestro concepto de ellos.

    Ahora bien, en un contexto específico como el que planteas, parece evidente que si no se está con la actitud defensiva de base de tu compañero de discusiones es muy difícil que se produzcan situaciones realistas, aplicables al 5x5. En este caso, ENCONTRAR la "trampa" de ir el que está más cerca es un logro en lo que a lectura del juego se refiere, pero EXPLOTAR la trampa encontrada no aportará calidad al ejercicio. Yo personalmente dejaría al equipo encontrarla, reflexionaría sobre el hecho y luego incorporaría otra norma que beneficiase a aquellos que presionasen.

    Pd. Bonita anécdota. ¡La utilizaré en mis equipos!

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